¿Por qué la gente quiere trabajar en la vendimia francesa pero no quiere ir a la fresa de Huelva?

Nos echamos, se echan, la manos a la cabeza mucha gente cuando ven alguna noticia de que no hay manos suficientes para coger ciertos productos en el campo. “¿Dónde está la gente que está en el paro para ir a coger fresas?” Yo también me lo he preguntado. Sobre todo porque conozco bien el campo, los de olivos, los de Benamejí, y su trabajo. Nunca falta gente. Sin embargo, en la fresa de Huelva, frutos rojos, la cosa cambia. Dos amigos, Juan Antonio, que va cada año a la vendimia, e Irene, que ha ido a la fresa estas últimas semanas, me han acercado a cada una de estas realidades. Y no todo es por el sueldo. Hay una clave: el respeto.

Empecemos por el principio.

Juan Antonio tiene 30 años, es de mi pueblo, Benamejí. Hace unos cinco años se vino a vivir a Sevilla. Aprovechamos y quedamos para cenar. Llegó a mi casa con una, o dos, botellitas de vino en la mano. Vino producido con las mismas uvas que él había cogido en Francia, en la vendimia. La anterior crisis hizo que mucha gente de mi pueblo volviera a ir a la vendimia, cosa que, aunque se mantenía en otros pueblos de Andalucía, se había perdido en el mío.

Aquella noche de encuentro a Juan Antonio no se le caía la sonrisa de la cara hablando de esa primera aventura en la vendimia francesa. Lo contaba como una agradable aventura. Aunque han pasado ya algunos años, recuerdo como hablaba maravillas de las viviendas en las que se alojaban, de los paisajes, de los pueblos, de lo que vivían fuera del horario laboral, el compañerismo y el buen sueldo que se traía a España.

Hoy mismo lo llamé y le expliqué que estaba escribiendo este artículo: “En Francia también se intentan a aprovechar, pero no pueden. Allí son diez euros la hora”, frente a los 6 euros de la fresa, en caso de que se pague en base al convenio. Pero Juan Antonio lo explica así. “Todo depende también del patrón que te toque. Sabes que la gente de campo cerrá es muy apretá, y si te toca uno malo…. pero vamos, que lo malo de Francia es puntual y en Huelva general, y a lo grande”.

“Antes de ir a la vendimia nos dieron una charla en Bailén, allí paró el autobús, y un sindicato, no recuerdo si CC.OO o UGT, nos dio una charlas, y nos explicó las condiciones de cada zona. Dependiendo de cada zona hay unas condiciones u otras: además del salario, te tienen que dar alojamiento y varios litros de vino. Conocí a españoles que vivían en tiendas de campaña, pero nosotros teníamos una casa grande para 20 personas, con dos cuartos de baño, dos cocinas. Si no es en esas condiciones, no hubiéramos ido. Antes de ir tienes que saber a dónde vas”, relata.

Para él la clave en la diferencia entre Huelva y Francia es “que en Francia te tratan con respeto por lo general”.

Ayer mismo me llamó Irene. Una amiga de Sevilla que se ha tenido que ir a recoger fresas en Huelva. Era su primera vez. No se quejaba tanto de los 40 euros que ganaba al día por 6,5 horas de jornada laboral, a las que hay que sumar los desplazamientos, más de una hora de ida y vuelta, ni de de estar agachada cogiendo fresas. Se quejaba del trato que había recibido. Del “maltrato”, de las condiciones de la viviendas en las que se alojaban, “con chinches”, de los gritos de las manijeras y de las “ilegalidades”.

“Tío, Artacho, muy fuerte lo que he vivido. Allí el Coronavirus es como si no existiera. Nos ha metido a 70 personas en una sola casa, con una sola cocina y con dos cuartos de baño. Hasta el último día, en el autobús, no han dado mascarillas, que las daba la empresas de los autobuses. En las casas había chinches. Muy fuerte”, me contaba mi amiga por teléfono.

Pero sobre todo se queja por el maltrato, por los gritos, por el autoritarismo: “Un día empezaron a gritarnos, que habíamos llegado tarde, a gritos. Habíamos llegado cuando nos había dejado el autobús de la empresa. Te tratan como si fueras a engañarlos”. También se queja del trato recibido en el pueblo: “La gente nos gritaba cuando salíamos a pasear. Íbamos a recoger sus fresas, sus invernaderos, y nos gritaban. Hay mucho racismo”.

Este es su relato, que me envío por el móvil:

Hola: Soy Irene, jornalera de Huelva, de la empresa Membriales de más de 1000 trabajadores. Con la crisis de corona perdí mi trabajo y me vine al campo. Vine aquí porque me ofrecían alojamiento y transporte. Cuando llegue, en plena epidemia, me dejaron en una casa con 70 personas, sin medidas de higiene, ni de seguridad para no contagiarnos, nada. Aquí hacinados, con chinches, sin mantas, sin útiles de cocina, sin butano, solo 4 duchas. Hay al menos 2 casas con más de 60 personas, también hacinadas. Gente muy vulnerable, sin papeles, de los que se pueden aprovechar y saben que no van a decir nada. En el campo nos gritan y nos tratan muy mal, como si fuéramos ratas, el esfuerzo físico es increíble y estás dentro de un invernadero con más de 40 grados. Te fumigan con pesticida a menos de 8 metros. Te meten en autobuses sin mascarilla. No ha habido ninguna medida excepcional por el corona. Si nos infectamos a 1000 personas les da igual. Tengo videos y fotos de todo. En este enlace podéis ver la fumigación al lado de los trabajadores:

Me contaba Irene que un día despidieron a todo su grupo un día por baja productividad. “No lo entendí, porque mi grupo rendía igual que otros, menos que otros y más que otros. Luego readmitieron a todo el mundo, menos a  mi, que dije que iba a consultar con una abogada. Luego llegué a la conclusión de que el despido era para meter miedo a todos los trabajadores, para demostrar que aquí se despide”.

Continuaba Irene: “Ha habido mucha gente que ha llegado hasta Huelva a trabajar, se ha gastado el dinero en el viaje, y cuando han visto las condiciones se han marchado, porque esto no tiene sentido. También hay inmigrantes que se van, no solo españoles, así que imagínate”.

Irene ha tenido la ‘suerte’ de poder vivir en una casa. “La convivencia con la gente ha sido lo mejor”. Sin embargo son muchos los trabajadores y trabajadoras del campo que viven en chabolas.

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Así que más o menos me queda claro porqué la gente va a la vendimia pero no a la fresa de Huelva. Aquí solo ha quedado reflejado el testimonio de Irene, de nacionalidad española, y que ha sido despedida por exigir derechos laborales que le corresponden y condiciones humanas y dignas. Muchas de las personas que van a recoger la fresa en Huelva son personas que no pueden levantar la voz, migrantes, que viven en infraviviendas, chabola. Así que ya podéis imaginar…

Además, recordad que las explotaciones de frutos rojos en Huelva, y los pozos ilegales, son una de las mayores amenazas para el entorno del Paraque Nacionial de Doñana, para la que el agua es vital.

Publicado por Bani Bashir

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5 comentarios sobre “¿Por qué la gente quiere trabajar en la vendimia francesa pero no quiere ir a la fresa de Huelva?

  1. Buenos días, ayer leí este artículo y lo consideré muy apropiado porque justo ayer me despedí de una empresa en Segovia de planta de frambuesa, donde he estado desde el 27 de abril contratada y donde las faltas de respeto en pro de la producción son una constante, es decir, se usa la comparación, la humillación, la presión jerárquica, la censura a la expresión, etc, como algo común, que allī consideran dentro del umbral de”lo normal”.
    Me he ido pero todo apuntaba a que si no, me hubieran rechazado antes de finalizar el periodo de prueba.
    Cosas que resumidamente me han i.pulsado a causar baja voluntaria:
    Los precios por debajo del sueldo mínimo (esto creo que es algo legal pero habría que cambiar, ya que la carga de trabajo es muy alta). 8h seguidas de trabajo a 6,17€ brutos, de los cuales quedan netos el 79%. La información del sueldo y de las condiciones económicas del plus de productividad la supimos el noveno día de empezar a trabajar, presupuesta mente cuando ya habían visto nuestro potencial de productividad, asī ajustaron el mínimo a partir del cual podríamos obtener un plus, a una cantidad de plantas cortadas y plantadas, a la cual casi nadie llega porque es casi imposible para unos principiantes. Para dar la sensación de que éramos menos válidos unos que otros han ayudado a ciertas personas que eran más ágiles para poder comprarnos y así cerrarnos la boca pero todo es una falacia. Al parecer las cuadrillas de rumanos que hasta ahora han estado yendo cosecutivamente temporadas tras temporada, conseguían esa productividad con la veteranía, y a nosotros nos la exigieron a partir del tercer día de entrar allí.
    Al no poder llegar a ese plus el sueldo se queda empequeñecido e insuficiente, rozando lo ilegal. El contrato por supuesto, es a favor de la empresa, ya que es de obra y servicio y solo se contabilizan las horas trabajadas de lunes a viernes.
    Un día y debido a la desorganización de aquel lugar no tenemos trabajo y nos hicieron estar trabajando 8 horas con azadón, con el mismo salario.
    La seguridad frente al coronavirus se basa en unas mascarillas de las que evitas contagiar a otros, que casi nadie usa. Y solo se la ponen cuando la encargada avisa de que viene la persona encargada de los controles. No existe jabón y ni mucho menos gel hidroalcohólico, y cuando lo pides, molestas, resultando una persona ‘pegigueras’. No se respetan las distancias mínimas, sin embargo, se anuncia como la mayor empresa de España en este sector y que frente ala COVID 19, es segura.
    Finalmente, me enteré que ahora la empresa la gestionan desde un grupo de fondos buitre, lo cual significa que no hay cariño ni amor por lo que se hace, si no codicia.
    Yo me he salido, debido a la presión que ya se estaba ejerciendo en mi persona porque me expraba con libertad y respeto y exigua respeto diciendo tan sólo que no me gustaba el mal trato, cuando ocurría por parte de cualquier oficial hacia mi como peón, y cada vez que la ejercía, tratando de defender mis derechos se me acusaba de agitadora. Yo no hablaba por nadie, más que por mi, y solo en una ocasión les dije a mis compañeros que ejercieron su libertad de expresión expresando lo que decían en otros momentos cuando no eran oídos por los encargados. Yo comprendo está forma de actuar mía les fuera molesta, para sus propósitos.
    Lo que peor llevaba es una buena parte de los compañeros/as trabajadores asumieran sus faltas a sus derechos, ya que me decían que esto es así, así ha sido siempre y así seguirá siempre. Yo opino que si no confías en que algo vaya a cambiar, difícilmente puede cambiar. Al parecer estoy hecha de otra pasta diferente a esas personas, ya que el cambio llegarå si confías en ello y contribuyes a crear otra realidad. Aūn asī sė que mis palabras en este lugar han hecho eco en algunas personas y al menos se han formulado a viva voz, y con respeto, y agradecimiento también. Es importante que alguien diga que es injusto el trato, que a alguien no le parece ni normal ni consentible, aunque a cambio le cueste el puesto de trabajo que por otro lado tampoco merecía defenderse mucho.
    Sigamos expresandonos y sigamos defendiendo los derechos de los trabajadores/as, de las personas de tener un trabajo donde dar lo mejor de sí y que le devuelva un salario más que digno, y defendamos la libertad de expresión del individuo. Si, otra realidad es posible si sales de la que no te gusta, si la dejas atrás.

  2. Hola,

    La explotación de los trabajadores (sobretodo si son emigrantes) es algo que desgraciadamente ocurre en los trabajos agrícolas de temporada, no es de ahora… si acaso actualmente se ha puesto peor.

    En El Ejido la activista en DD HH Helena Maleno ya lo denunciaba a finales del 2000, que estuvimos con ella y mi compañero Alexs del sindicato CNT para un pequeño reportaje del periodico CNT que se publicó en el nº 267 de Mayo de 2001, y el programa de Radio Bronka ¿Qué está pasando en El Ejido?, monográfico que mostraba la situación de los inmigrantes en Almeria ocho meses después de la explosión de violencia racista de Febrero del 2000 en El Ejido.

    No hay que dejar de escribir e informar de estos atropellos a los trabajadores, no hay que dejarlo en el olvido, o lo que es peor, normalizarlo como habitual. Hay que seguir denunciando situaciones así. Es una pena que sigamos a peor.

    Gracias y ¡saludos!!!!

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